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Psicología del Desarrollo y de la Subjetividad

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Nombre de la asignatura:

Psicología del Desarrollo y de la Subjetividad (plan nuevo)

Psicología Evolutiva y de la Personalidad (plan viejo)

 Cátedra: Lic. Laura Berenbaum

Trabajo realizado por: Lic. Laura Berenbaum – Sandra Eguidazu – Patricia Reciniello – Mariela Rodriguez.

 Psicología – Psicología Evolutiva – Psicología del Desarrollo

 La Psicología es una disciplina de las Ciencias Sociales, motivo por el cual comparte con las otras disciplinas de este campo a los seres humanos como objeto de estudio. Tiene implícita una concepción de hombre que se encuentra relaciona con las características culturales y sociales, y con el momento histórico.   De este objeto de estudio, el hombre, realiza un recorte y se pregunta acerca de qué hace que las personas sientan, piensen y se comporten de una manera particular en un tiempo y lugar determinado. Es decir, que la Psicología estudia las conductas y los procesos mentales, con el fin de identificar, describir, comprender y explicar los diferentes factores y causas involucrados. Para ellos se han ido desarrollado tanto distintas teorías (psicoanálisis, psicología conductista, piscología cognitiva, psicología genética, psicología sistémica, psicología gestáltica, etc.) y como especialidades (clínica, educacional, social, forence, del desarrollo, etc.)

La Psicología Evolutiva es una rama de la Psicología que estudia los cambios y su evolución a través del ciclo vital de un individuo. Su objetivo es explicar las transformaciones que se observan en los individuos a lo largo de la vida.

El concepto de evolutivo hace referencia a que esta disciplina se despliega dentro de un paradigma basado en una concepción biológica y evolucionista (ligada a los aportes de Charles Darwin).

También se denomina Psicología Evolutiva a la rama de la Psicología que plantea que toda la maquinaria biológica (codificada en los genes) que subyace a la conducta y la mente, es producto de la evolución por selección natural. Esta disciplina estudia cómo y por qué las características humanas universales surgen en la evolución, cómo han evolucionado determinadas capacidades conductuales, o como ciertas conductas favorecen la supervivencia o la reproducción.

 La psicología del desarrollo describe las diferencias típicas por edades que se expresan en la forma que sienten, piensan y actúan las personas, así como también describe la secuencia de cambios que presenta un tipo de conducta desde el nacimiento hasta la muerte.

El desarrollo humano puede definirse como un conjunto de cambios continuos y sistemáticos que se presentan en la persona desde la concepción hasta la muerte. Incluye los procesos de crecimiento, maduración y aprendizaje. El crecimiento da cuenta de los cambios cuantitativos y graduales de aspectos corporales. La maduración se refiere a los cambios cualitativos (ligados al desarrollo biológico) determinados por nuestro programa genético. El aprendizaje se produce a partir de las experiencias del sujeto en los distintos intercambios que realiza en y con el medio en el cual se encuentra inserto. Se considera al medio como un contexto conformado por factores psicoafectivos, sociales, culturales, históricos, entre otros.

Estos tres procesos sólo pueden pensarse de forma separada uno de otro para ser estudiados y transmitidos, pero es su interacción la que permite comprender el desarrollo de cada persona como un proceso singular.

El desarrollo humano es complejo, dinámico y multideterminado. No existe una teoría que por sí sola dé cuenta de todos los procesos y funciones que en él se producen. La Psicología del Desarrollo toma aportes de otras corrientes de la Psicología que explican la conducta a partir de causas genéticas, neurológicas, de aprendizaje, psicodinámicas, cognitivas, sociales y culturales.

 Personalidad – Subjetividad

 El término Personalidad se utiliza para designar la individualidad psicológica.

Los modelos teóricos más influyentes por sus aportes a la comprensión del concepto de Personalidad son: el modelo de los Rasgos, el Psicoanalítico, el Biologicista o Constitucionalista, el Conductista y el Fenomenológico o Humanista.

Por ejemplo, desde el Modelo de los Rasgos Child (1968, cita por Koldobsky, 1995, p25) define la personalidad como “una configuración de factores más o menos estables que determinan que la conducta sea consistente en distintas ocasiones y diferente de la conducta que otras personas mostrarían en situaciones comparables”. Los rasgos miden los aspectos más habituales de la conducta. De ello se infiere, por ejemplo un estado ansioso como rasgo de la personalidad. Este enfoque presenta el problema acerca de cómo explicar que la misma estructura de rasgos da cuenta de la conducta, así como también la dificultad de probar su consistencia a lo largo del tiempo.

Desde un modelo teórico psicodinámico, Filloux caracteriza la personalidad como:

  • una organización e integración, y no sólo una suma de funciones.
  • única, es decir propia de un individuo, aunque éste presente rasgos en común con otros.
  • temporal, porque corresponde a un individuo que vive históricamente.
  • un estilo que se expresa a través de conductas.

A partir de ellas la define como “la configuración única que toma, en el trascurso de la historia de un individuo, el conjunto de los sistemas responsables de su conducta.”

En la formación y desarrollo de la personalidad intervienen elementos constitucionales dados y elementos adquiridos en contacto con el medio. El hombre es un ser social, real y concreto; es decir que se lo debe considerar en función de su relación con otros, en un tiempo y un espacio determinado. Esta concepción de hombre subyace en las teorizaciones de Filloux planteando la necesidad de considerar las formas características de conducta dentro de la vida social, el modo en que cada persona se ajusta a su medio, la manera en que el pasado se expresa en los hábitos y en las conductas presentes, y las exigencias actuales del campo psicosocial. Exponer la presencia e interacción de todos estos factores (innatos y adquiridos, individuales y sociales) da cuenta por un lado, de la singularidad de toda personalidad, y por otro de su dinamismo y posibilidad de cambio.

Una definición integradora es considerar la personalidad como una organización única e idiosincrásica de cada sujeto que le permite interactuar con los otros humanos y no humanos, y que se ve influenciada permanentemente por los entornos en los que dicho sujeto se desarrolla (familiar, social, cultural, político, económico). Su base es biológica y su desarrollo (personificación) es posible a partir de la trama vincular que la origina y la sostiene. EL desarrollo de la personalidad, su complejización, su versatilidad, flexibilidad y eficacia en la adaptación y selección de ambientes y situaciones, y el despliegue de sus potencialidades, sólo resulta posible en y a partir del diálogo intersubjetivo. Desde esta mirada integradora la posibilidad de cambio está dada en la medida en que cada sujeto se piense y se historice, de lo contrario una autopercepción estática e inmutable podría conducir a la enfermedad psíquica o somática.

 El concepto de subjetividad hace referencia a la singularidad humana.

Para Freud la subjetividad está dada a partir de las diferentes inscripciones psíquicas que se producen a lo largo de la vida del sujeto. En la Carta 52 (1896) Freud plantea la existencia de tres tipos de inscripción, aclarando que toda percepción de la realidad no retiene la huella del suceso sino que la huella se inscribe en otro lado. Es por esto que percepción y memoria se excluyen. La primera inscripción de lo percibido es insusceptible para la conciencia y por lo tanto es imposible de ser recordada. El signo perceptual se asocia con otros elementos por simultaneidad y es reprocesado por la transcripción inconciente. Este segundo registro de inscripción se ordena en función de otros nexos y es reprocesado por el signo preconciente que corresponde al tercer tipo de inscripción. Aquí se liga a la representación-palabra y deviene conciente siguiendo las reglas del Proceso Secundario. En este proceso, se puede observar que no todo aquello que se percibe llega a ser conciente, y por otro lado que lo que llega a la conciencia no es igual a aquello percibido.

Es decir, que todo hecho vivido y percibido por un sujeto va dejando una huella y a su vez construyendo el psiquismo de una manera particular de acuerdo a como se produzcan las inscripciones (inconcientes, preconcientes y concientes).

A este modelo metapsicológico de plantear la construcción subjetiva, se han desarrollado otros modelos, también desde el marco del psicoanálisis, que incorporan aspectos intersubjetivos (Winnicott, Bleichmar, entre otros) proponiendo que la constitución subjetiva se da en el marco de vínculos de confianza con otros significativos. Los vínculos tempranos, la relación inicial madre – lactante, las funciones maternas y el sostenimiento afectivo, adquieren un rol fundamental para pensar la subjetividad y la salud mental.

Para el psicoanálisis el acceso a la subjetividad puede entenderse como una consecuencia del funcionamiento mismo del aparato psíquico. Considerando al psiquismo, a partir de las palabras de Juan José Calzettan (2009), como un sistema complejo, abierto, irreductible a sus componentes, productor de propiedades emergentes, necesitado de aporte de energía permanente porque está inevitablemente fuera de punto de equilibrio, pero preservando de modo dinámico su adaptación.

Siguiendo esta línea de pensamiento y haciendo hincapié en la importancia de considerar la producción subjetiva enmarcada en condiciones históricas y culturales concretas, Emiliano Galende plantea que “indagar en torno a la subjetividad consiste en interrogar los sentidos, las significaciones, y los valores éticos y morales que se producen en una determinada cultura, los modos como los sujetos se apropian de ella y la orientación que efectúan sobre acciones prácticas” (Augsburger, Cecilia. 2002). Para Galende, no existe una subjetividad por fuera de la cultura y de la vida social, ni de ninguna forma puede pensarse una cultura aislada de la subjetividad que le otorga soporte.

Algunas conceptualizaciones acerca de la noción de sujeto que colaboran a la comprensión de la noción de subjetividad

El filósofo italiano Giorgio Agamben propone que “El sujeto… no es algo que pueda ser alcanzado directamente como una realidad sustancial presente en alguna parte; por el contrario, es aquello que resulta del encuentro cuerpo a cuerpo con los dispositivos en los cuales ha sido puesto… en juego”…“La historia de los hombres no es quizás otra cosa que el incesante cuerpo a cuerpo con los dispositivos que ellos mismos han producido: antes que ninguno el lenguaje.” Tomando esta noción de sujeto donde los dispositivos sociales configuran los cuerpos, Alicia Stolkiner plantea que resulta difícil abordar la salud humana donde lo biológico sea comprendido sin considerar las formas en que se gestiona la vida en general.

Por otro lado, David Maldavsky (1997) afirma que en Psicoanálisis la noción de sujeto no es unívoca. El ha creado un método algorítmico (ADL) para investigar sistemáticamente problemáticas psíquicas y sociales, desde el punto de vista de la subjetividad y la intersubjetividad. Plantea que la subjetividad implica captación de cualidades en un mundo psíquico en el que se combinan tres grandes exigencias: pulsionales, mundanas, y morales e ideales. Al mismo tiempo, la subjetividad supone tomar en cuenta la eficacia de los vínculos en una perspectiva intersubjetiva, determinantes en la producción de los sistemas valorativos y morales, pero también en el peso que adquiere determinada pulsión y erogeneidad.

Sigmund Freud, a lo largo de su obra, menciona el término de Sujeto pero no lo conceptualiza. Avanzados sus desarrollos teóricos a partir de 1914 introduce el término de narcisismo y comienza a conceptuar al Yo. Un Yo que aspira a domeñar las pulsiones e imponer el principio de realidad, que es “almácigo de la angustia”, y que pone en marcha los mecanismos auxiliares a los que recurre para defenderse y tomar precauciones (a costa de sus inhibiciones). Hacia el final de su obra (1938) describe “la escisión del yo en el proceso de defensa”.

Dentro de los aportes postfreudianos, el término “sujeto” está presente desde los primeros escritos psicoanalíticos de Jacques Lacan (1932), tomando un lugar central en su teoría (1945). En Lacan la categoría de sujeto se enlaza con las del inconciente, lo simbólico, la verdad, el saber y la sexuación. Hay una complejización en su teoría acerca de la relación del sujeto con el significante (debido a la pérdida de goce), que genera una variación de su perspectiva desde el registro simbólico al registro de lo real. Previamente había descripto el orden imaginario en donde distinguía en el yo, al je del moi.

 

Bibliografía

 

Augsburger, Ana. 2002. De la epidemiología psiquiátrica a la epidemiología en salud mental: el sufrimiento psíquico como categoría clave. Cuadernos Médico Sociales, N° 81, Mayo 2002, Rosario.

Bleger, José. 1991. Psicología de la Conducta. Paidós; Buenos Aires; 10° reimpr.

Bleichmar, Silvia. 2006. No me hubiera gustado morir en los noventa. 1° ed. Buenos Aires: Taurus.

Calzetta, Juan José. 2009. Psicoanálsis y psicología evolutiva: una relación difícil.

Filloux, Jean C. 1985. La personalidad. Eudeba; Bs. As.; 21° reimpr.

Freud, Sigmund. 1987. Carta 52 (1896). Obras Completas. Amorrortu editores; Buenos Aires; 8° reimpr.

Freud, Sigmund. 1987. Obras Completas. Amorrortu Editores; Buenos Aires; 8° reimpr.

Galende, E. 1997. De un horizonte incierto. Psicoanálisis y Salud Mental en la Sociedad Actual. Paidós. Buenos Aires.

Koldobsky, N. 1995. La personalidad y sus desordenes. Buenos Aires, Salerno.

Lacan, J. 1981. El seminario, libro 1 (1953-1954). Barcelona, Paidós.

Lacan, J. 1985. Escritos 1. Buenos Aires: Siglo Veintiuno.

Maldavsky, David. 1997. Sobre ciencias de la subjetividad.

Morin, E. 1994. Introducción al pensamiento complejo. Barcelona: Gedisa.

Serra, E. González A y Oller A. 1989. Desarrollo Adulto. Sucesos evolutivos a lo largo de la vida. Barcelona: Centro Editor Universitario.

Shaffer, David. 2000. Psicología del desarrollo. Infancia y adolescencia. Thomson Editores; México; 5° ed.

Winnicott, Donald. 1989. Los bebés y sus madres. Paidós, Buenos Aires.

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